El titular deduce el "enfrentamiento" de sentimientos, su vocación y servicio a los demás fue una lucha constante, hasta que por fin encontró su camino.
Tal vez fuera por eso por lo que ingresó en el seminario. No una, sino dos veces. En el índice figura una entrada con foto de seminarista en la que aparece su profesor D. José María Rivas Rodríguez.
Tras la primera etapa de seminarista en San Telmo, Don Ignacio estudio el bachillerato (un año en los Salesianos y el resto en los Maristas). Cuando terminó la reválida ingresó en Medicina terminando el primer curso de forma excepcional. Me contaron que durante todo el primer curso, mientras iba de camino desde el Anatómico Forense (Macarena) hasta la antigua Universidad (hoy Facultad de Bellas Artes en calle Imagen), D. Ignacio solía detenerse a rezar delante de una imagen de la Virgen que había en la Iglesia de Santa Catalina, seguía con inquietudes vocacionales, a pesar que le iba muy bien en la carrera de medicina.
Un amigo antiguo compañero de colegio (Carlos Rodríguez Baena) había entrado en el Seminario. D. Ignacio fue a visitarlo y salió de aquel encuentro con que él también podía ser cura ¿por qué no?. En esa visita también se encontró con compañeros suyos de la primera etapa y todos le insistían mucho en que volviese. Así que su vida en medicina no duró más de dos cursos.
Ya conté que el segundo ingreso en el seminario de D. Ignacio no lo hizo a través del cupo general, sino a través de Obvian Cristo -Instituto Obviam Christi- y que estaba llevado por un magnífico cura y médico llamado D. Francisco García Madueño. Su segunda entrada está recogida también con otra foto con sus nuevos compañeros, coincidiendo en el curso de D. Antonio Cabezas con el que se ordenó.
D.Ignacio buscaba una forma de entregarse a los demás, ya fuese de médico o de sacerdote. Para postre si era con la pureza de los sones de la rama de los Carmona de la calle Pureza, "mejón".
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